Las artes marciales internas por sus propias características
hacen difícil ver al neófito que son eso, artes marciales
de defensa personal, y de las más sofisticadas por el nivel de
profundidad de sus conceptos y técnicas.
Aquí encontramos otra diferencia entre las artes externas e internas,
mientras que las primeras enfatizan en la fase inicial en la preparación
física, como resistencia, elasticidad, endurecimiento de las
partes golpeantes; las segundas se preocupan desde un inicio por la
actitud interna, autocontrol emocional, control respiratorio, equilibrio.
Un proverbio básico de éstas plantea: “Nada de fuera
puede dañarte”, haciendo alusión a la importancia
del dominio propio para lograr vencer en la batalla principal que inevitablemente
todos hemos de librar, la vida. En eso se basan las artes marciales
internas y en específico el Tai Chi Chuan, no es tan vital el
vencer a muchos rivales externos, lo principal está en vencer
lo negativo en nuestro interior, cuando eso está dominado, no
hay rival externo.
Las series realizadas en total armonía y relajación, con
una actitud mental serena y concentrada buscan entrenar al discípulo
en la quietud del movimiento y el movimiento de la quietud, logrando
que dicho estado interno se vuelva algo cotidiano, pues se entrenan
las series en la mañana y la tarde, buscando mantener el estado
logrado al levantarse hasta la noche y así hasta la mañana
siguiente, con el tiempo estar sereno, relajado, receptivo y equilibrado
es la única manera de ser.
La respiración lenta, profunda y en concordancia con los movimientos
es un buen método para ganar en profundidad mental y para comenzar
a aprender a dirigir la energía, pues la respiración es
lo más cercano que tenemos al chi, por lo tanto es buena herramienta
para aprender a dominarlo. Con el tiempo lo que al principio aprendemos
con trabajo y dedicación pasa a ser la forma natural de actuar
y “sentiremos” la chi fluir por nuestro cuerpo en cada movimiento,
es difícil tratar de explicar con palabras algo que sólo
al hacerlo puede entenderse, es lo que alguien llamó: ”Sentir
el profundo sabor de la felicidad”.
Es una actitud placentera en demasía, que a la vez de capacitarle
para reaccionar de forma natural ante cualquier agresión, con
total firmeza y sin crueldad, le garantiza un estado de ánimo
tranquilo y agradable, de nuevo se hace imposible hablar de defensa
sin hablar de salud y viceversa, pues como dije antes, todo está
fundido en el genuino arte marcial interno y por más que querramos
centrarnos en un tema los demás aspectos son interdependientes.